Viviendo en el Mundo del Revés

33 Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? 34 Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor. 35 Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos. 36 Y tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo: 37 El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió.
Marcos 9:33-37

En la serie de Netflix Stranger Things, existe un lugar llamado el Mundo del Revés. Los personajes principales descubren que este lugar es el opuesto total y un reflejo horrible de su propio mundo. Así que, si estuvieras parado en un parque hermoso, en el Mundo del Revés ese parque se vería todo deteriorado, oscuro y destruido. En pocas palabras, es el doble malvado de la vida real.

Mientras veía la serie, me inspiró a escribir este artículo sobre una observación que he escuchado varias veces. Como cristiano, me he dado cuenta de que vivo en un mundo que está completamente en contra de lo que enseña la Palabra de Dios, y que hace justo lo contrario. Todos los días tomo decisiones que van en sentido opuesto a como viven los demás.

Living In The Upsidedown
El Mundo del Revés en Stranger Things

Si un seguidor de Cristo actúa igual que un no creyente, yo dudaría de su salvación. Eso no es “juzgar” a alguien, sino mirar el fruto que da su árbol.

15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? 17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. 18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. 19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. 20 Así que, por sus frutos los conoceréis.
Mateo 7:15-20

No siempre estoy rodeado de personas que creen lo mismo que yo, y la verdad es que me gusta, porque me mantiene consciente de un mundo que necesita el amor y la salvación de Dios. En el trabajo, en una tienda, en un evento o al conocer gente nueva, puede ser interesante ver cómo a veces chocan las distintas creencias.

Por ejemplo, yo no digo groserías, no bebo, no fumo ni caigo en otros vicios. Cuando platico con personas que sí lo hacen, se sorprenden un poco cuando les digo que ya no hago esas cosas.

Hace poco hubo una reunión del personal de mi escuela (doy clases de educación especial en una escuela chárter grande), y algunos maestros me preguntaban en broma si yo tomaba. Les dije que no, ¡pero que tomo mucha agua! Se rieron y me preguntaron si mi esposa tomaba, y les dije que no, que ella tampoco. De nuevo les pareció chistoso, pero se sorprendieron un poco de que ninguno de los dos tomara.

Otro ejemplo es cuando algún alumno me pregunta: “¿Usted dice groserías?”. Siempre respondo: “no, antes sí, pero ya no”, y no pueden creer que no use malas palabras. Simplemente ya no son parte de mi vocabulario, ¡aunque antes las decía muchísimo!

El Reino de Dios tiene mandamientos, leyes y promesas que nos bendecirán si simplemente los seguimos. Para el mundo de afuera, siempre nos veremos raros cuando no hacemos lo que hace la mayoría. Incluso en temas de salud u otras disciplinas, muchas veces vas a recibir una risa o una mirada de asombro. Intenta decirle a alguien que vas al gimnasio, que no tomas refresco y que casi nunca comes fuera porque quieres mantenerte sano, y fíjate en las respuestas que recibes.

Como cristiano, vivo en un mundo al revés. Los caminos de Dios no son los caminos del mundo.

Necesito ser humilde cuando el consejo común es abrirte paso a empujones y llegar a la cima, sin importar a quién pises.

6 Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.
Santiago 4:6

No debo contarle a todo el mundo cuando hago una buena obra, porque entonces Dios no me recompensará por ella.

1 Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. 2 Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 3 Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, 4 para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
Mateo 6:1-4

Hay muchísimas promesas que Dios ofrece a quienes lo siguen. Bendición en lugar de maldición, paz en lugar de depresión y preocupación, esperanza en lugar de desesperación, salvación en lugar de estar apartados de nuestro Padre celestial.

Vivir en Su Reino trae recompensas, pero también nos lleva a negarnos ciertos placeres de los que el mundo bebe a diario. Aun así, vale la pena, porque mientras ellos se quedan vacíos y buscando una respuesta, nosotros tenemos la respuesta, y Su nombre es Jesucristo.


Este artículo se publicó originalmente en God’s Gamers.

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